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Escribir en un cuaderno

Notas acerca del liderazgo y evangelismo. Consejos biblicos acerca de la vida y la evangelización. 

Evangelismo & Avivamiento /Parte 1

El escenario perfecto para un avivamiento nacional es una nación alejada de Dios, bastará que las con­diciones espirituales estén muy bajas para que el ambiente sea lo suficientemente propicio para que la Gloria de Dios venga a traer orden y luz en medio del caos y las tinieblas. Así ocurrió en Gales en los años 1904, cuando la iglesia pasaba una de sus peores crisis, con muy poca asistencia semanal, en medio de una nación donde el pecado abundaba por todas partes.

La biblia menciona que en Hechos el Espíritu Santo vino “De repente”, dando a entender que ya las esperanzas de que viniera, se estaban agotando, las fuerzas escaseaban y la fe se dormía casi completamente. Los discípulos después de orar insistentemente, estaban sentados cuando repentinamente, como un tornado inesperado, el Espíritu de Dios barrió la tierra. Oh cuanto necesitamos un nuevo pentecostés! Es la única esperanza para una nación sumergida en la inmoralidad y para una iglesia consumida por la comodidad. En gales, también vino ese viento recio, ahora la realidad comenzó a cambiar, las iglesias se llenaban tanto que no podían entrar a ellas todos los que venían, las liturgias frías y muertas, ahora eran reuniones vivas y poderosas que dura­ban desde las diez de la mañana hasta las doce de la noche, entre cantos, testimonios y oración el Espíritu Santo restauraba su pueblo y levanta un ejército poderoso que traería una revolución a su generación.


Ni en Jerusalén, ni en Gales, nunca antes hubo una revolución con re­sultados tan efectivos. Los pecadores se conver­tían; los alcohólicos, engañadores y perdidos se sal­vaban; todos los miles que escucharon el evangelio y creyeron volvieron a la dignidad. Un ambiente de confesión de pecados llenó la tierra por todos lados. En los tiempos en que Evan Roberts predicaba, el teatro tenía que cerrar por falta de clientes y en tan solo cinco semanas, 20.000 nuevos convertidos se unieron a las iglesias.


Por qué hablamos de esto? Que tiene que ver toda esta experiencia con el evangelismo? TODO! No tendremos un verdadero evangelismo fundado en nuestros esfuerzos humanos, la única estrategia efectiva es la unción del Espíritu Santo sobre los portadores del evangelio.


El fundamento número uno de la evangelización debe ser este: Sin el Espíritu Santo estamos informando, pero si trabajamos con la unción del Espíritu Santo, estamos transformando! Tú esfuerzo humano, nunca tendrá los resultados que el Espíritu Santo quiere darnos, es tiempo de hacer su obra, guiados por El y confiando en El.


Otro episodio de la historia que estuvo marcado por un evangelismo lleno de Fuego ocurrió en los años 1835, cuando Titus Coan arribó a las costas de Hawai, multitudes se reu­nieron para escucharle. Se amontonaban de tal manera a su alrededor que apenas tenía tiempo para comer. En una ocasión predicó tres veces antes de poder tener oportunidad de desayunar. En 1837 el fuego de la evangelización ardía aún con más intensidad, por mucho tiempo toda la población fue su audiencia. Estaba minis­trando a 15.000 personas. Cuando el fue incapaz de llegar a todos ellos, el Espíritu Santo los trajo a todos ellos ante él por dos años enteros.


Su evangelización bajo el fuego del Espíritu trajo como resultados que alcoholicos fueron salvados, adúlteros restauraron su hogar y familias, los criminales confesaban sus pecados y eran perdonados. Los ladrones, devolvían lo hurtado y al cabo de un año, más de cinco mil se unieron a la iglesia.


Amigos, no estamos hablando de ciencia ficción o imaginación, hablamos de lo que Dios ha hecho a lo largo de toda la historia y aunque nos cueste creerlo, Él lo quiere seguir haciendo hasta el día de hoy. Lo hizo hace casi 200 años atrás con Charles Finney y lo quiere hacer con nosotros hoy!


La pregunta siempre será la misma, ¿Por qué ellos lo vivieron? ¿Hoy por qué no está ocurriendo? Y aquí llegamos a la respuesta de siempre: estos hombres y mujeres de Dios decidieron buscar a Dios hasta que lo hallaron. Su búsqueda con desesperación, hambre y urgencia encontró respuestas de un Dios que anhela salvar a los perdidos y rescatar a los pecadores. Sin ir más lejos, Finney era un joven abogado que se abría camino a un lugar solitario del bosque para orar. Dios le encontró allí, y fue lleno del Espíritu Santo, después de esto, la gente se juntaba para oírle hablar. Este avivamiento se extendió por todo el país de los Estados Unidos.


Después de ver estos cuatro acontecimientos de la historia, donde el Espíritu Santo se derramó, llevando adelante el evangelismo más poderoso de todos los tiempos, comenzando en pentecostés , ocurrió en Gales, en las Islas de Hawái y en los Estados unidos, sin duda podríamos citar cientos de otros avivamientos para mostrar que el evangelismo no es una actividad aislada del mover del Espíritu Santo, sino más bien, es sustentado por el mismo Espíritu, quien convence, cambia y transforma a quienes es predicado el poderoso mensaje del Evangelio. Estoy convencido que esto es lo que en la actualidad necesitamos, más que ninguna otra cosa.


Nuestra nación al igual que; China, India, Corea, África, Inglaterra, Gales, Estados Unidos, Islas del Pacífi­co, y tantas otras han experimentado el poder del Espíritu Santo por medio de la evangelización. Ahora, honestamente: ¿Lo necesitamos? ¡Sinceramente! ¿Cuántas de nuestras iglesias se encuentran medio vacías domingo tras domingo? ¿Cuántos miles de personas hay que nunca entrarían en la casa de Dios? ¿Cuántas reuniones de oración a mitad de sema­na son prósperas y vivas? ¿Dónde se halla el hambre por las cosas espirituales? En cuanto al evangelismo y las misiones: ¿qué estamos haciendo? ¿Acaso el hecho de que multitudes estén sufriendo ahora mismo nos provoca el más mínimo sentimiento de ansiedad? ¡Amigos, nos hemos vuelto egoístas! ¡Cuán fácil es ser cristiano en la actualidad!


Cuando me pongo a pensar en todo esto, miro mi ministerio y sufro preguntándome: ¿Qué impacto tiene nuestro ministerio? ¿Acaso como mi­nistro estoy tocando a las masas con el men­saje del Evangelio? ¿Cuántas almas son ganadas mediante la predicación de la Palabra de Dios? Me aterra darme cuenta que como pastor, estoy abrumado de actividades religiosas, que no son malas, pero me alejan de la verdadera tarea de la Iglesia, la de evangelizar el mundo y ganar a los perdi­dos.


Leo y leo acerca de avivamiento y me pregunto: ¿Adónde dejamos la convicción de pecado que acostumbrábamos a ver en nuestros altares?


Nuestra nación ha dejado a Dios porque la iglesia se ha olvidado de Él. Entonces, estamos viendo como el pecado florece por todos lados. Y el púlpito no cumple con su misión. No conozca nada, aparte de un avivamiento que pueda sacarnos de esta triste realidad. Un avivamien­to, así como ha transformado cientos de lugares: puede transformar nuestra nación.


Este es el tiempo de tratar con nuestro pecado. Porque a no ser que nuestras vidas sean rectas y apartadas del pecado, entonces el avivamiento no puede venir:

«Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír» (Isaías 59:2).

La profecía de Joel lo deja muy claro. Es una lla­mada al arrepentimiento. Dios está deseoso de bendecir a Su pueblo, pero el pecado ha detenido la bendición. Y por ello, en Su amor y compasión trae una terrible advertencia sobre ellos:


“Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y la­mento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; por­que misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo. ¿Quién sabe si volverá y se arrepentirá, y dejará bendición tras de él?”

El profeta ha convocado una reunión de oración. El pecado ha sido confesado y perdonado. Ahora pueden ellos orar. Todos están ahora con espíritu ferviente y la oración de ellos va a prevalecer:


“Tocad trompeta en Sion, proclamad ayuno, convocad asamblea. Reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños y a los que maman, salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia. Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de ~ decir entre los pueblos: Dónde está tu Dios?”

¿Estás orando? ¿Estás pidiendo a Dios por esta ciudad? ¿Le estás rogando por un derramamiento de Su Espíritu? Porque ahora es la hora de orar. Vamos! Elevemos oraciones de fe, oraciones que esperan.


Si Dios hace arder corazones para orar por un avivamiento ello constituye una clara señal de que El desea enviar uno, Él es fiel a Su Palabra. «Habrán lluvias de bendición»

Sus promesas nunca fallan. ¿Tene­mos fe? ¿Esperamos un avivamiento? ¡El problema no está en Dios! Está en nosotros mismos. Él está dispuesto, muy dispuesto, pero noso­tros no lo estamos. Amado, Él está esperando por noso­tros. ¿Vamos a hacerle esperar mucho tiempo más?


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