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Escribir en un cuaderno

Notas acerca del liderazgo y evangelismo. Consejos biblicos acerca de la vida y la evangelización. 

Conquistando el Corazón de Dios

Dios está en todas partes (Salmo 139:7-8; Proverbios 15:3), pero no en todas partes quiere estar. La Biblia dice que Jesús no pudo hacer milagros en el pueblo donde nació, Marcos 6:5. No hubo portentos y se quedó poco tiempo, ¿por qué? Porque no lo trataron bien. En Nazaret Jesús fue tratado como “alguien más”. No se sintió respetado, amado, ni valorado. Él no permanecerá en un lugar en el que no sea bienvenido. ¿Desearías que tu casa fuera un sitio donde Dios quiera estar? ¿Te gustaría que tu vida sea el lugar de Su Presencia?


Es claro que con algunas personas Dios quiere estar, y con otras no. Algunas personas le causan dolor el corazón: “El Señor vio que la gente en la tierra era muy mala y que todo lo que siempre pensaban no era más que maldad. Lamentó haber creado a los seres humanos en la tierra y esto llenó su corazón de tristeza”, Génesis 6:5-6 (PDT). Sin embargo, también hay quienes lo alegran. Nota lo que Dios dijo de Job: “¿Qué piensas de Job, mi fiel servidor? No hay en toda la tierra nadie tan bueno como él. Siempre me obedece en todo y evita hacer lo malo”, Job 1:8 (TLA).


Dios tiene emociones. Dios se duele cuando es rechazado y se alegra cuando es honrado. Nuestro comportamiento no debería ser para Él motivo de tristeza o de dolor; al contrario, nuestro deseo debe ser alegrarlo, complacerlo y conquistar su corazón. Nos gustaría que Él pudiera decir de nosotros lo que expresó de David: “Varón conforme a mi corazón”, Hechos 13:22. Ningún elogio será mejor que el que recibió Jesús el día de su bautismo: “Este es mi Hijo, yo lo amo mucho y estoy muy contento con él”, Mateo 17:5 (TLA).


Cornelio era un hombre piadoso y temeroso. La forma en la que vivió atrajo el favor de Dios. Un ángel se presentó y le dijo: “Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios”, Hechos 10:4. Cornelio había conquistado el corazón de Dios y, por eso, fue recompensado con la llenura del Espíritu Santo. Este hecho no debe soslayarse. Cornelio agradó a Dios y no solo él, sino también su familia fue bendecida.


La obediencia de una persona puede traer bendición a quienes la rodean. Así sucedió con Israel en Éxodo 33. A raíz de la desobediencia de todo el pueblo Dios había decidido no acompañarlos y en su lugar enviaría a un ángel. Moisés no quería la compañía de un ángel, quería a Dios mismo. Finalmente Dios le dijo: “Yo mismo iré contigo….”, Éxodo 33:14 (NTV). No dice: “iré con ustedes”. No habla en plural. Dios bendijo al pueblo a causa de su líder. Tú podrías ser la única persona en tu familia que está tratando de agradar a Dios, tú podrías ser el único creyente en tu trabajo o en el colegio, pero si eres fiel, a causa de tu fidelidad Dios te bendecirá y también lo hará con aquellos que te rodean.


¿Qué hizo Cornelio para atraer el favor del cielo so-bre su vida? ¿Que hizo Job para que el Señor dijera algo tan lindo de él? ¿Qué hizo David para agradar a Dios? Si ellos pudieron conquistar Su corazón nosotros también podremos. Veamos dos virtudes de estos ‘grandes’ hombres de Dios:

– Eran dignos de confianza. Una cosa es confiar en Dios y otra muy diferente es ser una persona confiable para Dios. Cornelio confiaba en Dios, pero su vida de integridad, santidad y devoción hicieron que Dios confiara en él. Pedro también era confiable para Dios. ¿Cómo explicarías el hecho de que el Espíritu Santo le comunicara solo unos minutos antes que lo necesitaría para una misión sumamente importante y de ‘alto riesgo social’ como visitar a un gentil llamado Cornelio? La respuesta es sencilla, Pedro estaba disponible completamente y a cualquier hora del día.


Confiar en Dios debería ser fácil, Él nunca le falló a nadie. Sin embargo, solemos invertir una gran cantidad de tiempo en hacer que la gente confíe en Dios como si Él hubiese hecho algo malo y nosotros tenemos que defenderlo para que recupere su credibilidad. Procuremos vivir de tal manera que nos convirtamos en personas creíbles y confiables para Dios.


– Hicieron de sus vidas el sitio de Su morada. “¿Acaso no saben que ustedes son un templo de Dios, y que el Espíritu de Dios vive en ustedes?”, 1ª Corintios 3:16 (TLA). “…Nosotros somos el templo del Dios viviente. Así como Dios dijo: “Viviré y caminaré con ellos, seré su Dios y ellos serán mi pueblo’”, 2ª Corintios 6:16 (PDT). “¡Escuchen todos ustedes…! ¡El SEÑOR permanecerá con ustedes mientras ustedes permanezcan con él! Cada vez que lo busquen, lo encontrarán; pero si lo abandonan, él los abandonará a ustedes“, 2º Crónicas 15:2 (NTV).


Ahora bien, cuando tienes a Dios tienes su bendición. Eso significa que tendrás éxito en lo que empren-das y serás favorecido en todas las áreas. Así ocurrió con Obed-edom. Cuando David supo que la presencia de Dios lo había bendecido de manera sobrenatural hizo traer inmediatamente el arca a Jerusalén. Imagina qué grande habrá sido la prosperidad que todos hablaban de ello, a tal punto que llegó a oídos del rey. “Y David no se atrevió a llevar el cofre de Dios a Jerusalén, así que lo dejó en casa de Obed-edom… El cofre de Dios se quedó allí tres meses, y durante ese tiempo Dios bendijo a Obed-edom y a todos sus familiares. Alguien fue a decirle a David… “Obed-edom tiene en su casa el cofre del pacto, Dios lo ha bendecido mucho, lo mismo que a sus familiares, y le ha dado más de lo que tenía”. Entonces David fue a la casa de Obed-edom para llevarse el cofre a Jerusalén…”, 2º Samuel 6:10-12 (TLA).


José es otro ejemplo: “Y el SEÑOR estaba con José, que llegó a ser un hombre próspero… Y vio su amo que el SEÑOR estaba con él y que el SEÑOR hacía prosperar en su mano todo lo que él hacía… Y sucedió que… el SEÑOR bendijo la casa del egipcio por causa de José; y la bendición del SEÑOR estaba sobre todo lo que poseía en la casa y en el campo”, Génesis 39:2-5 (LBLA). ¡Cuando tienes a Dios tienes su bendición!


Buscar o esperar


En este momento nos cabe una pregunta: “¿Tenemos que buscar la presencia de Dios o simplemente debemos esperarla?”. En otras palabras, a Dios, ¿se lo busca o se lo espera? La reflexión del pastor Andrés Corson merece ser compartida. “Dios respondió mis preguntas cuando leí un artículo del pastor Hee Kong que se titulaba A Dios le gusta hacer las cosas por nosotros, sin embargo Él prefiere trabajar con nosotros. El pastor Hee Kong relataba vivencias de la iglesia City Harvest, en Singapur. Por la gracia de Dios en solo tres años la iglesia pasó de tener 20 personas a 1.300. Dios estaba obrando a favor de ellos. Pero luego de un tiempo y sin razón alguna la iglesia dejó de crecer. En ese tiempo se dedicaron a consolidar y discipular los creyentes. La iglesia se fortaleció en oración, guerra espiritual y liberación. Sin embargo nada lograba reactivar el crecimiento, hasta que un día Dios le habló al pastor y le dijo: “A partir de hoy todo tiene que estar fundamentado en estos dos principios: Amar a Dios y amar a las personas. Si logran sacar de las cuatro paredes del templo la unción que les he dado, en un año voy a doblar la asistencia y les voy a dar un crecimiento que ustedes nunca imaginaron”. Y así fue que en menos de un año la iglesia pasó de 1.300 a 3.000 personas. Cinco años después ya tenían más de 11.000 personas”. Como fruto de esa experiencia el pastor aprendió que durante los primeros tres años Dios había trabajado a favor de ellos. Luego entendieron que el propósito de ese avivamiento no fue que Dios les hiciera todo el trabajo sino empoderar a la iglesia para que saliera a cumplir la gran comisión.


Dios puede trabajar a nuestro favor, pero prefiere trabajar con nosotros como hizo con los discípulos: “Los discípulos salieron y predicaron por todas partes, y el Señor los ayudaba en la obra y confirmaba su palabra con las señales que la acompañaban”, Marcos 16:20 (NVI).

No se trata de adoptar una actitud pasiva y esperar que Dios lo haga todo. No se trata de estar sentado esperando que la unción y la presencia lleguen, se trata de trabajar para que suceda.

Dios puede hacerlo por nosotros, pero Él ha decidio hacerlo con nosotros. Cornelio, Job, Pedro y otros tantos tuvieron la presencia de Dios en sus vidas, pero no les llegó sin esfuerzo. Vidas de obediencia y servicio marcaron el camino para que Dios decidiera habitar con la plenitud de Su presencia. Vivieron de tal forma que se convirtieron en personas con las que Dios quería estar. ¡A eso debemos aspirar cada uno de nosotros!


Rodolfo Tapia


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